Carbonero el Mayor

Carbonero el Mayor

Carbonero el Mayor, pueblo segoviano de 2.640 habitantes, situado entre las poblaciones de Valladolid y Segovia, está dedicado principalmente a la industria chacinera, agricultura y ganadería, además cuenta en su haber con un importante patrimonio artístico y cultural.

Es la muestra clara y contundente de la vitalidad de la antigua Tierra de Segovia y uno de los centros generadores de cultura y vivencias de nuestra provincia. Las tierras de Carbonero el Mayor hunden sus raíces en la prehistoria. Por estos parajes de la Tierra de Pinares encontró alimento y caza el hombre paleolítico que grabó en las pizarras un arte naturalista.

A lo largo de toda la historia los habitantes de estos parajes han ido dejando su huella artística que ha perdurado hasta nuestros días. Es con la Edad Media cuando empezamos a tener pruebas de la creación del actual poblado de Carbonero (Carbonero de Liedos en 1247), perteneciente a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, dentro del Sexmo de Cabezas. Es en esta época cuando se empiezan a construir los principales vestigios artísticos que hoy día permanecen y son el orgullo de sus habitantes.

 

Oficios Artesanos

A mediados del s. XVIII y según los datos recogidos en el Catastro de la Ensenada fechado en 1753, en Carbonero el Mayor destacaban los oficios de labrador, panadero y pastor, aunque también tenían su importancia los abaceros y arrieros.

La proximidad de los pinares El Mayor y Solilleja y Cafría permitió más adelante, ya en el s. XIX, la explotación del carbón vegetal y la resina. Hasta bien entrado el presente siglo hubo tejeras y molinos de harina y alcanzaron buena fama las caleras de Fuentes.

Los oficios artesanos estuvieron representados en el s. XVIII por tejedores de lienzo, fabricantes, carreteros, alfareros, herreros, carpinteros, pizarreros, herradores, sastres y zapateros.

Carbonero, convertido más adelante en un centro alfar, ha sido reconocido por sus alfareros y cacharreros, como José Carnicero “Pifo” y Crescenciano Pajares, que ha permanecido en activo hasta mediados de la década de los sesenta.

Se mantienen bordadoras de punto segoviano, expertas en el bordado de prendas femeninas, que antaño simbolizaron el ajuar de una novia, como las camisas de corchados (profusamente adornadas en pecheras y puños), o chalecos o justillos entallados y bordados en alegres colores. Para los hombres bordan también camisas, trajes e incluso fajas y capas. Otro artesano, Lorenzo Sancho, conocido dentro y fuera de la provincia de Segovia, ciñe su trabajo a la fabricación de dulzainas con llaves, en maderas de ébano, boj, encina, granadillo y palorrosa, y dulzainas sin llaves, para quienes desean inmiscuirse en el aprendizaje de este instrumento castellano.

 

Qué Ver

Entre otros destacan: la iglesia de San Juan Bautista fechada en el s. XIII, de estilo románico de ladrillo con ampliaciones góticas y barrocas en los s. XV y XVIII.

También son de destacar los restos de las ermitas de San Miguel de Quintanas y Santa Águeda, así como la iglesia de Fuentes, el Palacio del Sello del s. XV de estilo isabelino, la ermita de Ntra. Sra. del Bustar y la fuente de la Mina.

Mención especial merece el retablo del altar mayor de la iglesia de San Juan Bautista, la joya de Carbonero. Obra maestra de pintura de los primeros años del s. XVI, a caballo entre dos formas distintas de representar la realidad: la flamenca y la renacentista. Es un conjunto de veintiuna tablas entre pilastras, frisos y adornos de madera finamente tallada y estofada según el estilo del mejor plateresco.

Lo flamenco, junto con lo italiano, se hallan reflejados en esta pieza única de pintura y escultura. Los autores son Baltasar Grande y Diego Rosales, seguramente discípulos directos de Ambrosio Benson.

 

De Excursión

Los senderos adentrarán al caminante en parajes naturales de ancestral historia. Recorridos cortos para disfrute de la naturaleza y unidos entre sí para poder alargar nuestro paseo.

Extensos pinares, zonas de monte bajo con encina, campos del cultivo; las huellas y verdor trazadas por el bosque de ribera de los ríos Eresma y Pirón serán nuestros acompañantes más fieles.

Tres ecosistemas bien definidos, que harán de nuestros itinerarios una aventura en busca de la flora y la fauna asociados a los mismos. Los trinos de pequeños pajarillos (carboneros, herrerillos, gorriones...), la silueta de las rapaces (alcotanes, cernícalos, milanos...) y el fugaz paso de pequeños mamíferos (zorros, comadrejas, liebres...) darán un aliciente mayor a la marcha. Las perennes pinceladas históricas las ponen los antiguos lugares como Fuentes de Carbonero y el Temeroso, las ruinas de antiguas ermitas, Santa Águeda y San Miguel de Quintanas, antiguos molinos o el Santuario de Ntra. Sra. del Bustar.

 

Fiestas

Mayordomos, priostes y comisarios mantienen en alza la ferviente devoción que los carbonerenses demuestran por su patrona, Ntra. Sra. del Bustar, una virgen “carbonera, pinariega y pastoril”. Rogativas votivas, procesiones y una esperada romería, se suceden a lo largo del calendario católico, las ceremonias y rituales se ven salpicados por las melodías, danzas, bailes e indumentaria tradicional. Los fervientes hijos de Carbonero de Liedos, Carbonero la Mayor o Carbonero el Mayor, nombre por el que hoy se conoce al caserío, han coreado oraciones, cancioncillas, relatos de milagros y favores concedidos e incluso, un himno y un soneto compuestos en honor de esta advocación mariana. Cada año, el sábado anterior al Domingo de Pentecostés devotos y entusiastas se reúnen junto al Santuario del Bustar para celebrar la Romería, una explosión de júbilo marcadas por la convivencia de lo religioso y lo profano. Una misa solemne, la procesión hasta la fuente del Pozuelo y la subasta de las ofrendas y el pendón, frente a los castillos de los mozos, con bailoteos de forasteros y una merienda campestre regada de carnes asadas, tortillas, sandías y melones tempranos y vino de cosecha.

Por septiembre llegará la Fiesta Grande, la celebración de Ntra. Sra. del Bustar. La religiosidad popular volverá de nuevo la mirada hacia la Virgen del Bustal o Bustar para llevarla en procesión, esta vez alrededor de la ermita. En el lado de lo profano, las funciones de los novillos, sucedidas en la historia del caserío por los afamados encierros, atraerán a vecinos y extraños para “ver correr al toro públicamente”. Calles y plazas serán testigos, una vez más, de las idas y venidas de los corredores de reses bravas.

 

Gastronomía

También en el buen comer Carbonero conserva sus tradiciones. En plena tierra castellana, a la vera de la Sierra de Guadarrama, maduran lentamente los jamones y chorizos al modo tradicional. Como buena tierra de panes se elabora una excelente repostería casera: ciegas, bollos, rosquillas fritas, torta de chicharrones y florones. La más fiel tradición artesana.

Las buenas viandas forman parte de esta tierra: su cochinillo, lechazos asados en horno de leña, carne de buey a la piedra, caldo de peces del río Pirón, níscalos y setas de temporada...

Desde diciembre a febrero, pucheros y ollas “andan en danza” ya que es tiempo de sacrificar al cerdo. Las carnes de segunda: careta, rabo, pies... acompañarán a las legumbres, a los guisos y estofados en los meses fríos. Las carnes de primera se dejarán listas para la cura y se probarán en crudo, jamón serrano y chorizo casero. Febrero traerá también los florones de Santa Águeda, pretexto gastronómico que se degusta en reuniones familiares.

 

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