La esencia

A los pies del Acueducto romano, que como arco triunfante se eleva hasta 28,10 m, contemplamos 20.400 piezas de granito asentadas sin argamasa desde hace más de dos milenios. Nos hallamos en el Azoguejo, desde siempre lugar de encuentro y explanada para el mercado o zoco chico.

Ascendemos por la peatonal Calle Real, la antigua artería que comunicaba la parte amurallada con los arrabales, desde siempre concurrida vía, apreciada por mercaderes para edificar sus viviendas y negocios, en su mayoría casas altas y estrechas dando cabida a mayor número de tiendas. Hoy continúa siendo deleite para compras de todo tipo.

Enseguida alcanzamos el Mirador de la Canaleja, desde donde avistamos la sierra con la entrañable silueta de la Mujer Muerta y a sus pies, el barrio de San Millán con su hermosa iglesia románica. La súbita estrechez de la calle nos indica dónde se levantaba la emblemática puerta de San Martín ante la que Fernando el Católico, juró respetar los fueros de la ciudad. A nuestra derecha distinguimos la imponente Casa de los Picos del s. XV, adornada con puntas de diamante. Desde ahora nuestro recorrido se verá amenizado por una casa blasonada tras otra, impresionante a la izquierda, el vetusto Palacio del Conde de Alpuente, recubierto de esgrafiado segoviano y con tracerías góticas de pizarra en las ventanas. Al poco, una callecita desciende a nuestra izquierda y al fondo nos aguarda La Alhóndiga, antiguo pósito del s. XV para el grano, reutilizado como Archivo Histórico Municipal y sala de exposiciones.

Más adelante, destaca la Casa del Siglo XV por su fachada labrada en granito y su galería superior de coquetos arcos escarzanos. Enfrente se levanta una elegante escalinata, es la Plaza de Medina del Campo con la Iglesia de San Martín, pletórica con sus tres galerías porticadas, con la estatua de Juan Bravo, comunero segoviano, la fuente de los Peces, un conjunto de casas blasonadas y el recio Torreón de Lozoya, actual sala de exposiciones. Pasada la iglesia vemos otro edificio de granito tallado en buena piedra de cantería, fue la antigua Cárcel Real desde finales del s. XV y hoy es sala de lectura. Más adelante hallamos la Iglesia del Corpus Christi, antigua sinagoga y escenario de leyendas.

La calle se divide en dos, a la izquierda nos internaríamos en la Judería, donde podríamos informarnos en el Centro Didáctico de la Judería, y seguimos a la derecha desembocando en la porticada Plaza Mayor para asistir al espectáculo del despliegue de pináculos y arbotantes de la bella Catedral de Santa María, la Dama de las Catedrales del s. XVI. Presidiendo la plaza está el Ayuntamiento, un sobrio edificio de granito del s. XVII que marca el tiempo con su reloj, a un lado el Teatro Juan Bravo y, haciendo esquina con la calle Infanta Isabel, se levanta la Iglesia de San Miguel, donde Isabel la Católica se proclamó reina en 1474. Descendemos ahora por la calle Marqués del Arco, cuyo palacio del mismo nombre, se halla a nuestra derecha y al poco desembocamos en la Plaza de la Merced, con el humilde Convento de San José a la derecha, una de las primeras fundaciones de Santa Teresa. Frente a nuestros ojos aparece ya la románica Iglesia de San Andrés y a partir de aquí penetramos en el antiguo Barrio de las Canonjías, zona enclaustrada donde los canónigos seguían sus propias reglas y ahora es excepcional conjunto de románico civil del s. XIII, formado por casonas de altos muros y puertas con arquivoltas en piedra caliza. Al llegar al fondo, nos reciben ya las torres afiladas del legendario Alcázar, residencia inexpugnable de los reyes de Castilla, que nos fascinará con sus interiores cargados de historia y poder de sugestión. Desde sus jardines se disfruta de vistas hacia el fondo del valle del río Eresma, que recorreremos en la siguiente ruta, pero que oteamos ahora distinguiendo desde la izquierda el Santuario de la Virgen de la Fuencisla, patrona de Segovia, seguido del Convento Carmelita de San Juan de la Cruz, donde está el santo enterrado; después la silueta dodecagonal de la románica Iglesia de la Vera Cruz, de la Orden de Malta; junto al río aparecen los tejados de pizarra del Real Ingenio de la Moneda, fundado por Felipe II y sobre él, en la ladera, destaca la crestería gótica del campanario y los apacibles claustros del Real Monasterio de Santa María del Parral. La feraz vegetación se extiende ante nuestra mirada hasta llegar al barrio de San Lorenzo. Sobre una colina, se levanta el Parador Nacional, edificio de nueva construcción que goza de vistas espectaculares. Nos dirigimos hacia la verja de hierro y retomamos la ruta subiendo a nuestra izquierda, ahora por la calle Velarde, la otra artería de las canonjías, hasta llegar a un estrecho arco, La Claustra, que delimitaba este insólito territorio reservado a los canónigos. Al poco, la vía se bifurca y a la derecha, ascendiendo por la calle de los Desamparados, encontramos la Casa-Museo de Antonio Machado, la humilde pensión donde el escritor vivió.

Volviendo a la bifurcación, seguimos hasta encontrar la estatua de San Juan de la Cruz, del escultor José Mª García Moro, conmemorando que por esta calle paseaba el santo, desde su convento hasta la ciudad. Desembocamos en una amplia plaza en la que destaca el esbelto campanario románico de la Iglesia de San Esteban, rematado por un gallo-veleta y conservando una galería porticada llena de gracia.

Todo un frente lo ocupa el Palacio Episcopal, de armoniosa fachada, labrada en granito por Rodrigo Gil de Hontañón en el s. XVI, alberga un museo con piezas de gran riqueza artística. Nos aventuramos por el estrecho callejón que se abre a su izquierda, para transportamos ipso facto a otro tiempo, directos hacia el Barrio de los Caballeros; ante nosotros aparece la medieval Torre de Hércules, adosada al Convento de las Dominicas, a la izquierda la Iglesia de San Quirce, sede de la Real Academia de Historia y Arte, y más abajo el gran caserón del Convento de las Oblatas o Capuchinos, hoy lujoso hotel. Recorremos la calle hacia la derecha y desembocamos en la Iglesia de San Nicolás, hoy Escuela Municipal de Teatro; volvemos sobre nuestros pasos y nos internamos a la derecha por el estrecho callejón de Hércules, para desembocar en la Iglesia de la Trinidad, en su interior se halla una pintura sobre tabla con la Santa Faz de Ambrosio Benson. A partir de ahora, aumenta la densidad de casas blasonadas: si vamos hacia la derecha nos encontramos con la Casa del Secretario con una exquisita portada plateresca, y si optamos a la izquierda tenemos el Palacio de los Condes de Mansilla, y más adelante la Casa del Hidalgo, actual Museo Rodera- Robles. Aquí el Barrio de los Caballeros, quedó escindido al abrir la calle de San Agustín pero permanecen importantes casonas a ambos lados. Frente al sobrio Palacio de Justicia se levanta el Palacio de la Floresta de Trifonte y a su lado el Palacio de los Uceda-Peralta, actual Diputación de Segovia.

Descendemos por el callejón de la izquierda para encontrarnos con una plazuela y jardines donde nos da la bienvenida la Iglesia de San Juan de los Caballeros, ahora sede del Museo Zuloaga y cuya antigua función religiosa, se remonta a época paleocristiana; aquí se reunía en época medieval la Junta de los Nobles Linajes, fundada por Díaz Sanz y Fernán García, capitanes segovianos del s. XI que reconquistaron Madrid y que yacen en este templo. Subimos por la callejuela hasta la Plaza Conde de Cheste donde en el medievo se levantaba la crucial puerta de San Juan, que mantiene su presencia fantasma todavía flanqueada por dos imponentes casonas: a la izquierda la vetusta Casa-fuerte del Marqués de Lozoya y a la derecha el fortificado caserón, conocido como la Casa de las Cadenas; a su lado luce el hermoso Palacio de Quintanar (actualmente sala de exposiciones) con su curiosa portada de granito adornada por yelmos, y al otro lado, el Palacio del Conde de Cheste, hoy colegio de monjas Concepcionistas. Comenzamos a descender, disfrutando de la maravillosa vista del Acueducto.

 

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