Imaginemos que un buen día, de forma accidental, de la noche a la mañana, una mujer convencional se convirtiera en una consumada erudita de la lengua y la gramática. Imaginemos, a su vez, a un reputado neurocientífico dispuesto a someter a la mujer a un intensivo proceso de desprogramación lingüística. De devolverla a su estado primario de limitación expresiva para evitarle, de este modo, los trastornos de inadaptación social originados tras su inapropiado accidente.
¿Puede la competencia lingüística generar marginación social? ¿Puede el uso de una corrección sintáctica impecable resultar ofensivo para algunos? ¿Incluso antidemocrático? ¿Cuánta verdad hay en lo que afirma Gabo de que nuestro idioma es fabulosamente eficaz, pero también fabulosamente olvidado?
Esta gramática de Ernesto Caballero, La Gramática de María Adánez, sujeto, y José Troncoso, terapeuta -que no objeto ni predicado- es una sátira humorística que expone nuestra relación con el vasto legado que constituye, según Lázaro Carreter, nuestro patrimonio común más sólido: la Lengua. La gran homenajeada en esta comedia; nuestra lengua como versátil comedianta, entregada en cuerpo y alma al juego del teatro, ese asombroso fenómeno donde las palabras se nos presentan con ganas de fiesta y diversión.