Qué ver en Coca

Qué ver en Coca

Verracos Vacceos

Zona de frontera en los siglos anteriores a la dominación romana, las influencias de celtíberos y vettones, los pueblos limítrofes, son sello distintivo de la arqueología caucense. Los verracos, esculturas zoomorfas realizadas en granito y características principalmente del pueblo vettón (ubicado en zonas de las provincias de Ávila y Salamanca), serían utilizados como hitos del territorio y reflejan la importancia de los movimientos ganaderos en esta zona ya desde la antigüedad.

Tres son los que se conservan en la Villa; uno dentro del recinto del castillo, junto a la cara sur de la muralla que penetra por él, y dos en el entorno de la puerta de la Villa. Singular cada uno de ellos por su estilo de ejecución, uno de ellos conserva, muy deteriorada, una inscripción funeraria, de época romana, dando cuenta del que sería su último uso, el de monumento fúnebre.

 

Iglesia de Santa María la Mayor

Dominando la Plaza Mayor, se eleva una gran construcción de ladrillo en muro con piedra caliza en contrafuertes, de gran simpleza de líneas en su exterior, roto únicamente por los restos conservados de la primitiva iglesia románica: la parte inferior de la torre, del mismo estilo que la de San Nicolás, y las paredes de la que fue capilla del obispo de Cádiz, construida en el s. XV. Su interior se muestra con uno de los más destacados templos de comienzos del s. XVI en la provincia, siguiendo un esquema utilizado, por ejemplo, en la iglesia del monasterio de El Parral, en Segovia. De nave única, cubre el templo una bóveda de crucería, obra posiblemente, de Juan Gil de Ontañón, pues se encontraba en la Villa durante las obras.

El coro, situado a sus pies, se contrapone al altar mayor, impresionante obra, con columnas de orden gigante. Concebida como capilla funeraria de la familia Fonseca, guarda cuatro sepulcros de estilo puro italiano y realizados en buen mármol de Carrara, creados en ese país por Domenico Fancelli y su discípulo español Bartolomé Ordóñez, conectando en su ejecución con el de los Reyes Católicos, ubicado en la capilla Real de Granada. Merecen destacarse, además, las tallas del Santo Cristo de San Nicolás, románico del s. XIII y proveniente de la iglesia de la desaparecida iglesia de San Nicolás; la de Santa Ana, de comienzos del s. XVI; el Calvario, de la misma época y que sigue los parámetros de Berruguete; el sepulcro de Antonio de Fonseca.

 

Torre de San Nicolás

Único resto visible de la desaparecida iglesia románica de San Nicolás. Su sistema constructivo, forma junto con el de la torre de Santa María la Mayor, un estilo diferenciado en el románico segoviano: filas de arquerías ciegas en el primer cuerpo, abiertas en el segundo, espina de ladrillos o mampostería en cada uno de sus cuatro lados, aterrazamiento en la parte superior conseguido mediante una bóveda de gran calidad y una destacada función al margen de lo sagrado: su posición, cercana al valle del Eresma, la convertía en una poderosa atalaya defensiva desde la que se controlaban los accesos por el norte a la Villa.

 

Ermita de Santa Rosalía

En la zona conocida como las conejeras, extramuros de la Villa, se edificaba en el año 1728, con patrocinio de D. Gaspar de Sarabia, esta ermita rural, de unas dimensiones modestas, pero una profusa decoración moldurada en su bóveda de cañón. Presidiendo su fachada, el escudo de la familia, en piedra caliza blanca.

 

Hospital de la Merced

Contó la Villa con tres hospitales en los años centrales de la Edad Media. De ellos, sólo el de la Merced ha llegado a nuestros días. Aunque las primeras noticias conservadas de él remiten a 1442, este hospital debió comenzar su actividad mucho tiempo antes.

Se construyó, siguiendo criterios higiénicos de la época, partiendo de un cuerpo central de distribución, con capilla, y dos alas a ambos lados. El edificio original fue derribado en los últimos años del s. XIX, siendo sustituido por el actual, realizado en cadenas de ladrillo y adobe, siguiendo la planta del anterior.

 

Domus-Romana

Junto al edificio de los Cinco Caños, al norte del cauce del río Eresma, se conservan los restos de lo que fue, posiblemente la residencia de un magistrado municipal de la antigua ciudad romana de Cauca. Los cerca de 200 m conservados, ofrecen frescos coloridos, con diferentes composiciones, llegando a alcanzar los dos metros de altura.

 

Puentes

El acceso a la Villa siempre se ha de realizar cruzando un cauce fluvial. El llamado puente Grande, que evita el río Eresma, se levantó sobre uno anterior, de origen romano. Construido en el s. XVIII por la Comunidad de Coca, se eleva más de una decena de metros sobre el río, al cual se abre en un único y grande ojo, de medio cañón. El puente Chico hunde sus raíces en la Edad Media, si bien en su paramento puede seguirse el rastro de diferentes reconstrucciones, las cuales le dotan de su aspecto actual. Inicialmente de un solo ojo, apuntado, fue necesario construir un segundo, en prevención de los destrozos que causaba el río Voltoya en las épocas de crecida. El puente sobre el arroyo Balisa, de dimensiones sensiblemente inferiores a los dos anteriores, fue formado en el s. XIX siguiendo la tradición caucense de fábrica de ladrillo, en su base conserva dovelas de lo que debió ser un primitivo puente medieval.

 

Arquitectura popular

Sorprende al viajero que se acerca hasta la Villa, el singular sistema de colocación de las tejas sobre las casas caucenses: hiladas de tejas entrelazadas en sentido longitudinal y posición cóncava.

El reparto de espacios en la casa típica, se compone de una planta baja, en la que se desarrolla la vida, un desván, el típico “sobrao”, visible al exterior por las pequeñas ventanas, “tragaluces”, y en muchos de los casos, una bodega en el subsuelo, para producir el famoso, en tiempos medievales y modernos, vino de Coca. Se conserva del s. XVII la casa blasonada de la familia Sarabia, en la calle Valdenebro. Su escudo, compuesto de cuartel único y cinco flores de lis, da cobijo a la puerta. Junto a la casa, construida íntegramente en ladrillo, el portón labriego completa la fachada.

En su remate, el alero, formado por ladrillos construidos en cuarto de círculo, típico de la época. En los años finales del s. XVIII se introducía un peculiar sistema de remate en los aleros, aún visible en el solar caucense, especialmente en la calle, de la Real Fábrica de Cristal: lajas de pizarra. El edificio por excelencia que conserva este sistema, en la calle mencionada, es el de la antigua Real Fábrica de Cristal, en la confluencia entre la citada calle y la calle Mesonero Mayor de Castilla.

 

Eclecticismo y Racionalismo:

Arquitectura del s. XX

Todavía los años treinta del s. XX dieron cabida a la fantasía arquitectónica. De esa década datan la Casa de Villa y Tierra, diseñada por el arquitecto D. Andrés Cevallos y que se muestra fiel a los sistemas tradicionales de la Villa: ladrillo, arquerías, pizarra… un sinfín de soluciones distribuidas alrededor de las magníficas vidrieras que iluminan el salón de actos, cuya techumbre es un auténtico monumento a la madera, base de la economía local.

También el actual centro cultural Fonseca, fue destinado en sus primeros momentos a colegio de niños. Distribuido según los criterios de la arquitectura racionalista de época republicana, se compone en plano dos alas, a las que sumar un pabellón abierto, todo ello unido por un cuerpo central poligonal.

 

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