Martinete (Navafría)

Martinete (Navafría)

En Navafría podemos encontrar vestigios de la industria del cobre que destaca por su Martinete.

Seguimos hasta Navafría en busca de su martinete, atraídos además por el encanto de su entorno y su buen clima. Navafría tiene una conocida zona de recreo, "El Chorro", con varias piscinas naturales en mitad de un espléndido bosque de pinos. Merece la pena subir hasta la cascada que forma el río Cega y conocer el área recreativa y la zona de juegos. El martinete de la fundición de cobre se encuentra en las afueras del pueblo, por lo que hay que estar atento a las indicaciones de "Museo Etnográfico".

 

El Ingenio

Un martinete es un martillo pilón o mazo movido por una rueda hidráulica que se utilizaba para batir o estirar metales. El de Navafría se utilizó para batir el cobre, con él se manufacturaban los calderos que se utilizaban en la preparación de la cocina tradicional, los calientacamas y los braseros, entre otros utensilios. Por medio del golpeteo del martinete se va estirando y dando la forma adecuada al metal caliente y recién sacado del molde.

 

Historia del Ingenio. Los Caldereros Auverneses

Desde finales de la Edad Media los caldereros del reino de Auvernia (Francia) eran famosos en toda Europa, estando documentada su actividad en varias regiones de Francia y España. Los habitantes del Macizo Central francés, ante la falta de recursos, se vieron obligados a emigrar trabajando en todo tipo de tareas, adquiriendo una especial fama y prestigio en el trabajo del cobre. Formaban pequeñas compañías de caldereros itinerantes que recorrían todo el continente, manteniendo la costumbre ancestral de heredar el oficio familiar: los padres enseñaban el trabajo del cobre a sus hijos, cediéndoles cuando llegaba el momento las herramientas y el negocio. Eligiendo el lugar más apropiado para establecerse, valoraban la proximidad de las minas de cobre y la existencia de importantes ciudades donde vender sus productos.

Su presencia empezó a aumentar significativamente a partir del primer tercio del siglo XVII, yendo en aumento las explotaciones, por lo que en el año 1684 un gremio de la ciudad de Zaragoza les acusó de monopolizar el oficio. Las Cortes Aragonesas, presionadas por los gremios y ante la situación política (en continuas guerras con Francia) les impusieron fuertes medidas restrictivas, llegando incluso a prohibirles abrir tiendas y comercializar sus productos si no estaban casados con naturales del Reino de Aragón.

Los caldereros que venían a España estaban organizados en compañías formadas por compañeros y criados, maestros y aprendices. Las reglas de funcionamiento quedaban fijadas antes de iniciar la marcha, de forma verbal o con la participación de un notario francés.

Desde finales del siglo XVII se documenta la presencia en España el martinaire francés Juan Abán, contratado para realizar los trabajos técnicos de la fábrica de cobre de Calamocha (Teruel). El mismo apellido Abán vuelve a constatarse en Priego (Cuenca), donde también hubo un martinete. En 1861 dos hermanos, Eugenio y Manuel Abán Raso, caldereros procedentes de Vozmediano (Soria), donde existió un martinete, se instalaron en Navafría. Compraron el 50% de una sierra de agua de 1708, situada en el paraje denominado Majalcarro, para convertirla en martinete.

Aniceto Abán, hijo de Eugenio, construyó un segundo martinete aguas abajo que desde ese momento se llamó "Martinete de Abajo".

Con el cambio de generaciones el "Martinete de Abajo" pasó de Aniceto a su hijo julio, y de éste a su hijo Victoriano, manteniendo la costumbre de asegurar la continuidad del martinete siempre por la vía de los varones. Don Victoriano, el último batidor, mantuvo el sistema de producción de origen medieval hasta su fallecimiento en 1999. Su familia lo conserva en la actualidad como Museo Etnográfico. Fue declarado "Bien de Interés Cultural" por la junta de Castilla y León el 17 de diciembre de 1998.

 

El Martinete de la Fundición de Cobre de Navafría

Es un conjunto integrado por el edificio, la maquinaria o martinete propiamente dicho, la fundición y el sistema de captación de agua.

El edificio, de arquitectura popular, tiene planta rectangular, muros de mampostería y cubierta con teja segoviana a tres aguas. El paramento Sur forma parte de la antepara y tiene en el muro una abertura por donde entra el eje de la rueda. En el lado Este es la propia roca del terreno la que hace de cerramiento.

  • La Maquinaria. Se puede dividir en dos partes: el motor y el mazo.
  • El Motor. Está formado por una rueda hidráulica de madera, de las denominadas de eje horizontal y alimentada por arriba, de tres metros de diámetro.
  • El Mazo. Al igual que un martillo normal, está compuesto por la cabeza de hierro (que tiene un peso de unos doscientos kilogramos) y el mango, hecho con un tronco de pino de casi cinco metros de longitud. El mazo golpea sobre la yunque, que es una pieza de hierro empotrada en la piedra del suelo.
  • Sistema Hidráulico. El sistema de captación del agua está formado por un azud de cantos sueltos que embalsa ligeramente y facilita el desvío de parte del curso del río Cega por el caz. Este caz, provisto de compuerta para dar paso o no al agua, conduce a la antepara o pequeña balsa adosada a la pared sur del edificio del martinete y al nivel del alero del tejado. En ella se encuentran tres conductos cerrados por tapones troncocónicos de madera de pino que pueden ser accionados desde dentro del edificio por medio de los tiradores, abriendo más o menos paso de agua y regulando la velocidad de la rueda y el caudal de aire de cada trompa.
  • La fundición. El cobre se funde en la fragua, en un crisol de barro y arena, donde se deposita la chatarra del cobre junto con el carbón. Para elevar la temperatura hasta la fusión del cobre se insufla aire a presión en el crisol por medio de un sistema hidráulico llamado trompa.
  • El Proceso de Producción. una vez fundido el cobre se limpia de las ascuas con el rebabillo y se llenan los moldes vertiendo el metal fundido con la cuchara. Los moldes son de barro y paja y al igual que la cuchara están cubiertos de ceniza para evitar que se adhiera el metal. Con el cobre sólido pero al rojo se empieza a batir, es decir, a darle la forma golpeándolo con el mazo. Será necesario calentar varias veces las piezas para conseguir la forma final deseada. Según se va estirando el cobre la pared de la lámina es cada vez más fina. Para evitar que las piezas se rompan se introducen unos calderos en otros y se trabajan todos a la vez.

Acabado el trabajo con el martinete se separan los distintos calderos para las labores finales: recortar lo sobrante, limpiar, fijar un aro de hierro de refuerzo en la boca del caldero, añadir los soportes para el asa y la propia asa, y el primoroso decorado del rebatido realizado por medio de numerosos golpes de martillo que dejarán la marca del artesano en el diseño y en la textura de la pieza.

Si quieres más información puedes descargar el folleto y el mapa de artesanos de la provincia.

 

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