Por Tierra de Pinares

Al nordeste de la provincia nos espera la fragante Tierra de Pinares, comarca de páramos, barrancos y del renombrado “Mar de Pinos”, impresionante extensión de miles de hectáreas de pino resinero, que aún veremos con su pote clavado al tronco para recoger la miera o resina, el oro líquido de otros tiempos. Es comarca bien abastecida de productos hortícolas, como la endibia, y de pasado mudéjar en sus edificio. En sus villas podemos encontrar castillos amurallados; imponentes paisajes, que pueden ser contemplados desde sus bellos miradores y abarca la zona septentrional del Parque Natural de las Hoces del río Duratón. Accedemos desde Segovia, por la A-601 hacia el límite norte de la provincia, aunque debemos parar primero en Carbonero el Mayor, para tomarnos un buen almuerzo campero tradicional, que nos de fuerzas para poder visitar, la isabelina Casa del Sello, de finales del s. XV, con su graciosa torre de arcos escarzanos. Especial mención merece la Iglesia de San Juan, que la distinguiremos por sus dos torres de pizarra; en su interior alberga un retablo del s. XVI, obra maestra del renacimiento hispano-flamenco en estas tierras.

Esta población cuenta, además, con un reconocido taller de chirimías y dulzainas de gran prestigio en la provincia. A las afueras, se halla la Ermita de la Virgen del Bustar, patrona del lugar y cuyo nombre procede de “combustionar” refiriéndose a su larga tradición como carboneros.

 

Aguilafuente

Por la SG-211 seguimos hasta Aguilafuente, situada en un importante cruce de caminos desde la época romana, por lo que no es de extrañar que a 2 km del pueblo, se descubriera una lujosa villa del s. II d.C, interpretada en el Aula Arqueológica de Santa Lucía, en la Iglesia mudéjar de San Juan. Pocos saben que el primer libro impreso en España en 1472, reflejaba las actas de un decisivo Sínodo que se celebró en su Iglesia de Santa María, ejemplo de románico de ladrillo y adornado con bellas portadas góticas; cada año se revive este hecho, en escenificaciones teatrales. En su Museo Florentino Trapero, escultor que nació en esta población, admiramos parte de su fructífera y excelente producción. Entre varias casas señoriales, como la de los Pérez de la Torre o del Marqués de Peñasrrubias, destaca por su rareza la Casa de las Conchas del s. XX, recubierta completamente con vieiras reales por tener su dueño un negocio de pescado enlazado con Galicia.

 

Fuentepelayo

Proseguimos hasta Fuentepelayo, rodeado de tierras de cultivo que trazan, vistas en la distancia, relajantes composiciones coloristas de arte geométrico y minimalista. Al pasear por sus calles, nos iremos encontrando miniaturas de los monumentos patrimoniales de Segovia, pero es su Iglesia de Santa María la Mayor el monumento más emblemático, destacando la portada sur y norte de elaborados relieves; en la Iglesia del Salvador es digno de reseñar un magnífico artesonado del s. XVI. Complementamos nuestra visita en su parque temático de los “Ecosistemas segovianos” y para disfrutar de unas vistas excepcionales sobre el “Mar de Pinos” nos acercamos al Cerro de la Ermita de San Cebrián, donde es fácil extasiarse con la sensación de infinito.

 

Camino a Cuéllar

Nos dirigimos ahora a Samboal, para ello pasamos por Navalmanzano y Navas de Oro, y una vez en la población, nos sale al paso la afamada Iglesia de San Baudilio de Carracielo del Pinar, que formó parte de un monasterio benedictino del s. XII y es considerada una de las más representativas muestras del románico de ladrillo de la provincia; admirable la armoniosa secuenciación de sus arquerías ciegas y el ingenioso recurso decorativo de su torre. Es hora ya de llegar a Cuéllar, donde conviene dedicar el tiempo suficiente, para conocer su rico conjunto patrimonial y cultural, y donde el estilo mudéjar alcanza rango majestuoso, siendo una de sus señas de identidad junto a su larga tradición de sus populares encierros, que se inician al grito de “¡Qué vienen!”.

Como insigne Villa amurallada, cuenta con dos recintos defensivos, el primero une el Castillo-palacio de los Duques de Alburquerque, de resplandeciente piedra blanca dominando en lo alto de la población, con los Arcos de San Basilio, San Andrés, San Martín y Santiago. El segundo recinto abarca varias iglesias y conventos integrando algunos de sus ábsides como cubos de muralla, como la cabecera de la Iglesia mudéjar de San Pedro. Testigos de su pasado como poderosa cabeza de Villa y Tierra, permanecen: el Palacio de Pedro I, el Palacio de la Santa Cruz, la Casa de los Velázquez, la Casa de los Rojas, de los Daza, el Estudio de Gramática, el Hospital y Capilla de la Magdalena, todos arropados por el vericueto de callejuelas de sabor medieval. La excelente gestión turística permite asistir a visitas teatralizadas al castillo, recorridos guiados por sus monumentos, para entender, con un atractivo espectáculo de luces y sonidos, en que consiste el Mudéjar, en el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar, ubicado en la Iglesia de San Martín; otras joyas del mudéjar se hallan en la Iglesia de San Esteban, de admirable exterior y aún mejor interior por conservar cuatro sepulcros considerados la obra cumbre del gótico mudéjar. Igualmente señera es la Iglesia de San Andrés, del s. XIII, destacando su fachada occidental con sus arquerías ojivales.

No podemos olvidarnos de su rica gastronomía, para deleite de los paladares más exquisitos y que cuenta con sabrosos “níscalos” en otoño y de su tradicional repostería a base de bollos.

Cuéllar reza a su patrona en el cercano Santuario de El Henar, virgen morena datada del s. XII y patrona de los resineros.

 

Segunda parte de la Ruta

Iniciamos esta etapa, dirigiéndonos hacia la SG-V-2231, recorriendo otras carreteras secundarias, hasta adentrarnos en una pequeña ruta del vino por la ribera del río Duratón. Se trata de un vino rosado o tinto, extraído de uvas que se plantaron en resecos páramos de roca caliza, allí donde no podía crecer el cereal. En todas las poblaciones veremos curiosas bodegas excavadas en la ladera, lugar también de meriendas familiares.

En Aldeasoña conservan, en la Casa del Mayorazgo un completo lagar de 1715, que podemos visitar previa cita, así como alguna de las bodegas familiares y un antiguo lavadero; su Iglesia de Sta. María Magdalena, de origen románico presenta elementos góticos y clasicistas de interés; pasamos por Fuentesaúco de Fuentidueña y nos encontramos con la Iglesia de Santo Domingo de Silos de buena fábrica; territorio famoso por sus fuentes generosas, es de resaltar la de los Tres Arcos.

Continuamos hasta Calabazas de Fuentidueña, donde debemos prestar atención, pues tras una curva de la carretera aparecerán de improvisto, recortados contra el cielo, los impresionantes restos del perímetro amurallada de Fuentidueña, una salutífera villa medieval donde pasaba sus días de reposo el rey Alfonso VIII; no obstante antes de detenernos aquí, nos dirigimos primero a la cercana Sacramenia.

El caserío se apoya en la parte baja de una ladera, con iglesias románicas como Santa Marina, con frescos del s. XV o San Martín de Tours, en la parte más alta, se alinean las pintorescas bodegas excavadas en la piedra caliza. Nada más llegar es fácil percibir el aroma de los ricos asados que aquí se preparan con los mejores corderos de la provincia.

Tomamos el desvío hacia Coto de San Bernardo, que nos llevará hasta el que fue Monasterio Cisterciense de Santa María la Real, paraje solitario de cautivadora belleza donde sobrevive, entre la espesura de grandes árboles, la rotunda iglesia y algunas dependencias monacales que quedaron, tras la polémica venta de su claustro, sala capitular y refectorio al magnate W. R. Hearst de EEUU, que lo reinstaló en Miami.

 

Denominación de Origen Valtiendas.

Estamos en territorio del vino D.O.P. Valtiendas, elaborado con uva Tinta del País o Tempranillo, cultivada a 900 m; la denominación reúne dieciséis municipios siendo su epicentro la población de Valtiendas, que será mejor visitar en temporada de verano o en la vendimia, cuando abren sus puertas las bodegas tradicionales y el entorno bulle pletórico de vida.

 

Camino a Fuentidueña

Continuamos hasta Fuentesoto y de ahí regresamos, para detenernos por fin en Fuentidueña, la antigua Fontedona medieval. Fue repoblada por Alfonso VIII quien sintió especial predilección por ella, como lugar de solaz para la corte real, debido a sus excelentes aires y manantiales, junto a la abundante caza y buenos frutos de huerta; aquí vino a reponerse tras la cruenta batalla de las Navas de Tolosa. Conserva tres arcos en la muralla, uno de ellos llamado de Alfonso VIII, casi en la zona más alta del recinto, cerca de los restos de la Iglesia de San Martín, cuyo ábside con sus valiosas pinturas románicas fue trasladado a Nueva York tras su transacción legal. En torno al templo se han hallado un conjunto de tumbas del s. XI, excavadas en la roca y un osario, no obstante, es en la Iglesia de San Miguel donde disfrutaremos del derroche imaginativo del arte románico, expresado en sus capiteles y canecillos y restaurados con el dinero de la venta del ábside de San Martín. Del castillo sólo queda su memoria y algunos restos reutilizados como bodega. En la Plaza del Palacio se halla la Capilla del Pilar, hoy Posada real y el Palacio de los Condes del s. XV de humilde fachada. Otro excelente mirador lo tenemos si subimos por una empinada ladera hasta el Cerro de San Blas.

 

San Miguel de Bernuy y Cantalejo

Partimos hacia San Miguel de Bernuy para encontramos con un pueblo encantador que ha sabido revivir adaptándose al turismo de ocio, desde aquí podemos realizar paseos o un recorrido en piragua por el río Duratón hasta el embalse de las Vencías o hasta la propia villa de Fuentidueña.

Proseguimos por carretera hasta Cantalejo, población de gran actividad que fue premiada con el título de ciudad, por el propio Alfonso XIII, como reconocimiento a su producción y comercio a nivel nacional de sus prestigiosos trillos; sus tratantes desarrollaron una jerga especial llamado gacería, con vocablos vascos y árabes, que todavía se conserva con gran orgullo. Usaban “trallas” que movían chiscando al llegar de sus viajes, sonora costumbre que aún se repite en las fiestas de agosto. Su riqueza comercial queda reflejada en el monumental Templo de San Andrés, del s. XVIII, de majestuosas bóvedas de tracería gótica y luminosidad clasicista. De enorme interés es el emplazamiento de su Ermita de la Virgen del Pilar, que se levantaría sobre un antiguo santuario de época romana dedicado a Diana, de ahí derivaría el topónimo de China o Chana de una cercana laguna. Al ampliar la ermita se halló una necrópolis visigoda perteneciente a un eremitorio cuyo uso continuó hasta el s. XV Desde aquí se puede iniciar un tranquilo paseo de 6 kilómetros bordeando las famosas Lagunas de Cantalejo, hogar de gran diversidad de aves e idílico entorno declarado Lugar de Interés Comunitario.

 

Terminamos en Turégano

Ya nos toca acercarnos a Turégano, otro enclave de visita obligada. Nos recibirá la imponente figura de su castillo, de bella tonalidad rosada con sus torreones y espadaña sobre restos de su muralla medieval. La fortaleza se construyó en el s. XV, englobando en su interior la románica Iglesia de San Miguel. Fue señorío episcopal y entre sus muros vivieron acontecimientos, como la espera de Fernando el Católico hasta que su esposa Isabel le permitiera entrar en Segovia como rey. El castillo preside la alargada Plaza de España, que se transforma en coso durante sus concurridas fiestas taurinas de septiembre; también es conocida como de los “Cien Postes” por las pilastras que sujetan sus soportales, sin duda un buen lugar para el tapeo, asados o su especialidad del bacalao al ajo arriero. Cerca está la Iglesia de Santiago, que alberga un insólito retablo escultórico románico y otros importantes restos románicos a pesar de las reformas de los s. XVII y XVIII. Cuenta además con el Museo Forestal en la Casa del Ingeniero.

 

 

pinares_1.jpgpinares_2.jpgpinares_3.jpgpinares_4.jpgpinares_5.jpgpinares_6.jpg