Ruta Sepúlveda y Parque Natural Hoces del Río Duratón

Esta ruta discurre repleta de naturaleza y de patrimonio monumental; partiendo de Segovia hasta Cantalejo, nos encontramos con tres opciones: la primera, contratar actividades como senderismo, piraguas, rutas a caballo o en bicicleta y recorrer saludablemente los senderos del Parque Natural de las Hoces del río Duratón y así distinguir entre los altos acantilados tallados por el viento, el agua o las sugerentes ruinas del Monasterio de Ntra. Sra. de los Ángeles de la Hoz, donde se preparaban los misioneros para ir a América; segunda opción, continuar hasta Sebúlcor, descender en coche hasta el Puente de Villaseca, aparcar en el merendero y recorrer a pie la fresca rivera del Duratón, allí nos encontramos además con cuevas de inquietante pintura esquemática, o la Cueva Visigoda de los 7 altares; tercera opción, continuar en coche hasta Sebúlcor y llegar a Villaseca para tomar la pista de tierra durante 4 km, hasta llegar al aparcamiento , para descender a pie otro km hasta la Ermita del priorato benedictino de San Frutos, templo del románico primitivo del s. X, meta de peregrinajes y lugar sagrado que ofrece el desbordante espectáculo del vuelo de los buitres, por debajo de tus pies y sobre el azul sinuoso de las Hoces del río Duratón.

Sepúlveda

Nos dirigimos hacia Sepúlveda, que descansa sobre unos peñascos y está rodeada de pintorescas formaciones geológicas, como la silla de montar a la entrada de la población. Pronto nos dará la bienvenida de nuevo, el vuelo majestuoso de los buitres que habitan en lo alto de las piedras rocosas que la rodean. Subimos al caserío enriscado formado por casas labradas en buena piedra, algunas orgullosamente blasonadas.

En la Iglesia de Santiago, se halla la Casa del Parque Hoces del río Duratón. Su Plaza Mayor es de original configuración, pues se trata de la antigua explanada a los pies de su castillo, del que quedan dos torreones y poco más; aquí se celebraban los mercados francos y hoy continúa siendo escenario de fiestas y lugar para terracitas, donde relajarse y respirar el aire puro. A un lateral presenta una estrecha y porticada calle, por la que el aroma de los asados nos asalta, pues es donde se ubican la mayoría de los figones: en los que sólo se sirve lechazo, ensalada y postre; y los mesones: en los que nos ofrecen mayor variedad gastronómica. Al fondo de la plaza encontramos la Iglesia de San Bartolomé y un hermoso crucero. Tras cruzar el Arco del Ecce Homo, nos encaramamos por sus cuestas hasta encontrar en lo alto la robusta Iglesia del Salvador, considerada la madre del románico segoviano, por su gran antigüedad y repercusión.

Más allá llegamos a la Iglesia de la Virgen de la Peña, patrona de Sepúlveda. Su construcción se remonta al s. XII y presenta una decoración escultórica con el tema del Pantocrátor y el Tetramorfos en la portada, tema excepcional en el conjunto del románico segoviano. La historia del lugar y sus ricos objetos artísticos se exponen en el Museo de los Fueros, con sede en la Iglesia de los Santos Justo y Pastor.

 

El resto de la ruta

Nos desplazamos a 4 km hasta Duratón, un humilde pueblecito con pequeño puente romano, que tiene en su haber una exquisita joya del románico, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; nadie es inmune ante la frescura y riqueza escultórica de sus capiteles, canecillos y metopas. Una necrópolis visigoda se halló en las inmediaciones del templo y ahora sus tumbas están en el Museo de Segovia aunque, otras las veremos esparcidas por la finca del otro lado de la carretera. A algunos les gustará saber que Confloenta, un municipio romano de gran importancia, se levantaba en la planicie que hay sobre la loma tras la iglesia; solo es visible su perímetro rectangular gracias a los restos de su cerca, estando todos sus hallazgos repartidos en diversos museos.

Proseguimos hacia Castilnovo, fortificación de oscuro origen, quizás musulmán, oculta entre una masa boscosa de álamos, encinas y sabinas, para el que tendremos que concertar cita para visitar. Perteneció al gran Álvaro de Luna y posteriormente al astuto marqués de Villena, Juan Pacheco. En su variopinta construcción predomina el mudéjar y en conjunto posee cierto halo que sólo podemos definir como autenticidad.

En el pueblecito cercano de Perorrubio hallamos otra joya del románico porticado en la Iglesia de San Pedro Advícula del s. XIII.

Proseguimos la ruta y al pasar la carretera cerca de San Pedro de Gaíllos, nos desviamos ahí para conocer su Museo del Paloteo, que nos acercará a las danzas y cultura popular. Su iglesia parroquial de los s. XII y XIII, dedicada a San Pedro Apóstol, conserva su galería porticada, decoración escultórica e interesantes relieves geométricos de posible origen visigodo.

 

 

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