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Siguiendo los pasos de San Vicente Ferrer

Siguiendo los pasos de San Vicente Ferrer

El segundo itinerario de turismo religioso por la ciudad de Segovia nos conduce hacia el lugar donde predicó San Vicente Ferrer en su visita a Segovia en el año 1411.

De nuevo desde el Azoguejo enfilamos la avenida del Acueducto (ministro de Obras públicas cuando se trazó esta avenida), en la que, a nuestra izquierda, encontramos enseguida la iglesia de San Clemente, habitualmente sin culto, que posee un bellísimo ábside románico que mira a la calle del marqués de Mondéjar (político de Felipe IV y escritor).

Continuando por la avenida, de inmediato nos sorprenderá el gran templo parroquial de San Millán, decorado por ábsides, atrios y pórticos muy bellos, considerado como uno de los templos más antiguos de la ciudad. Su interior es majestuoso, con restos mudéjares de su antiguo artesonado. Se veneran dos esculturas, la Soledad y un cristo en su Última Palabra, obras ambas del escultor nacido en esta parroquia, Aniceto Marinas.

Salimos al popularmente llamado Camino Nuevo (consta en realidad de tres tramos, Ezequiel González, Conde de Sepúlveda y Obispo Quesada), por el que llegaremos a la antigua capilla del Cristo del Mercado, ante la que existe una cruz de piedra. Cuenta la tradición que en el punto de esta cruz predicó a los segovianos San Vicente Ferrer.

Nació SAN VICENTE FERRER en Valencia, en 1350; el ejemplo de sus padres y sus enseñanzas religiosas le llevaron a ingresar en la Comunidad de los Padres Dominicos; su gran inteligencia le llevó a ser, a los 21 años, profesor de filosofía en la universidad. Gran predicador, conseguía reunir grandes masas de gentes para escucharle; sus sermones solían durar un par de horas, durante las que mantenía en tensión a los oyentes. Protagonizó numerosos milagros y recorrió, a pie, durante 30 años, España y el sur de Francia, norte de Italia y Suiza. Murió el 5 de abril de 1419 y fue declarado santo en 1455.

Fray Vicente llegó a Segovia el 3 de mayo de 1411, fiesta de la Invención de la Santa Cruz, y encontró en el lugar un gran gentío, que muy probablemente estaba allí para celebrar la colocación del “Mayo”, un poste de gran altura, costumbre al parecer de origen pagano pero que fue absorbida por el catolicismo; la fiesta sigue celebrándose a los pies de la ermita. Por deseo de San Vicente Ferrer se levantó aquí una pequeña ermita, pero en el siglo XVII fue derruida para sustituirla por la actual. Tiene un retablo del maestro Churriguera, y en cuanto a la imagen del Cristo, no se tiene fecha concreta, aunque se supone que fue donado a primeros del siglo XVI. En 1863 se trajo de Roma una reliquia de San Vicente Ferrer, que se conservaba en un relicario de metal blanco, hoy en paradero desconocido.

 

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