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Valverde del Majano

Valverde del Majano

Valverde del Majano nace con la repoblación de la Tierra de Segovia a finales del siglo XI o principios del siglo XII. La despoblación de pequeñas aldeas limítrofes como Valverdejo, Mazuelos, Sagrameña etc. fue componiendo su actual término municipal.

El siglo de mayor crecimiento fue el siglo XVI coincidiendo con la prosperidad y la riqueza de la ciudad de Segovia, basada en la industria textil principalmente. De los poco más de cien vecinos a comienzos de siglo, alcanzamos los doscientos cincuenta y cinco en 1591. Este gran crecimiento se debió a la fabricación de paños y a la preparación de las lanas para los talleres segovianos.

La epidemia de peste de 1599, que afectó también a Valverde, acabó en dos meses con doscientos setenta y dos de sus habitantes. Con esta epidemia se cierra un siglo y se inicia otro completamente distinto al anterior. El siglo XVII fue bastante duro para este lugar debido a la persistencia de las malas cosechas, que en determinados momentos, se sucedieron un año tras otro como en los primeros de la tercera década, en la que se tuvo que recurrir a la importación de trigo desde Andalucía a elevadísimos precios. Muchos valverdanos murieron y otros muchos emigraron. En los años sesenta tras la plaga de langosta, Valverde tenía poco más de sesenta vecinos.

La recuperación llega a partir del último cuarto del siglo XVII y a mediados del siglo XVIII. En el Catastro de Ensenada se nos dice que el lugar tiene 160  vecinos incluidas las viudas. Por oficios hay 37 labradores, 9 pegujareros, 15 laborantes de lana, 17 cardadores y hay 20 panaderos, actividad que ya había empezado en el siglo anterior y que irá creciendo, pues en 1811, su número se eleva a 41. La mayor parte de ellos surten de pan a la cercana ciudad de Segovia y la calidad del pan es muy estimado por los segovianos mereciendo premios en las exposiciones de comienzos del siglo XX.

La decadencia de la industria textil segoviana a comienzos del siglo XIX influye también en Valverde, algunos valverdanos emigran como sucedió con Manuel José de Frutos, que acabó en Nueva Zelanda mientras otros buscan una salida en el trasporte y venta de vino que adquieren en Arganda (Madrid), en Medina del Campo, Rueda o La Seca (Valladolid y continúan con la panadería.

Valverde a lo largo del siglo XX se ruraliza más, algunos arrieros e industriales cambian el pueblo por la ciudad y los vecinos que se quedan vivirán de la agricultura hasta que en 1966 se instala junto a uno de sus ríos, el Milanillos, una fábrica de papel continuo, esto será el principio pues  en 1975 en un pleno del ayuntamiento se informa a los asistentes que un hijo del pueblo, uno de los industriales más importante de España, don Nicomedes García Gómez tiene proyectado crear un polígono industrial en su pueblo. Hoy una parte importante de los vecinos de Valverde, de Segovia y de los pueblos cercanos trabajan en el polígono “Nicomedes García”.

MONUMENTOS

Los más importantes son la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y dos ermitas la de La Soledad y la de la Virgen de la Aparecida.

La iglesia debido a la prosperidad del siglo XVI empieza a construirse tras el inicio de la construcción de la catedral segoviana (1525), e influida por ella el estilo de la cabecera de la iglesia valverdana y el de su sacristía, es el gótico. El resto del edificio es renacentista. Pero el 21 de octubre de 1897 el edificio sufre un devastador incendio que arrasa los artesanados de las naves, los retablos, el órgano de Francisco de Ortega, la tribuna, el púlpito y gran parte de las imágenes. Para cubrir el vacío tras su restauración se trajeron tres retablos barrocos del convento dominico, desamortizado, de San Pedro de las Dueñas (Lastras del Pozo).

La ermita de la Soledad fue salvada de la ruina en 1840 llamada en un principio de San Sebastián, guarda en su interior las imágenes del Nazareno, San Juan y de la virgen  de la Soledad, que se hallaban en un principio en otra ermita llamada del Humilladero.

La ermita de la virgen de la Aparecida se encuentra a unos cinco kilómetros del casco urbano,  fue en un principio la iglesia del despoblado de Mazuelos y tenía el nombre de ermita de la Magdalena. En 1623, haciendo unas obras en el cementerio adosado a la ermita se encontró una talla románica en el interior de un sarcófago a la que se dio el nombre de  virgen del Sepulcro primero, y más tarde de la Aparecida. A finales del siglo XVII se construyó una ermita nueva, en 1802 se construye sobre ella otra y finalmente la actual que es de 1959. El retablo es barroco del siglo XVII y la imagen de la Virgen tuvo que hacerse nueva al quemarse la primitiva, en el incendio de la iglesia de 1897. La actual es una imagen de vestir cuyo autor es don Andrés Sanz Hernando escultor segoviano que ya había tallado la carroza años antes.

 LAS FIESTAS

Las patronales son la de la virgen de la Asunción a mediados del mes de agosto, que va precedida por la semana cultural en la que se realizan toda clase de actividades culturales y deportivas y las de la virgen de la Aparecida la primera en junio con desfile de carrozas, disfraces, romería con danzas tradicionales, orquestas etc. En septiembre en torno al día 16, fecha en la que se conmemora la coronación de esta Virgen, se celebra otra romería con  ofrenda de flores, comida popular procesión con danzas y refresco final.

Hay otras fiestas algunas religiosas como Santa Águeda, celebrada en el mes de febrero por las mujeres con actos religiosos pero también con comidas, bailes, disfraces… y hay otras fiestas de cofradías como la de San José o San Antonio.

La principal fiesta profana es la de los Carnavales y los quintos, que son los jóvenes que cumplen dieciocho años, y que se celebra también en el mes de febrero.

PERSONAJES ILUSTRES DEL PUEBLO        

FRANCISCO GARCÍA AYUSO

Nace en Valverde del Majano en 1845. Estudia Humanidades en el Seminario de Segovia, y amplía sus estudios, en Marruecos, en el monasterio del Escorial y en Múnich, con algunos de los mejores profesores del momento.

Tuvo una gran facilidad para los idiomas, llegando a ser el mayor experto en lenguas semíticas. Algunos estudiosos, aún hoy, consideran que si la década de 1870 conoce un auténtico florecimiento de los estudios de lingüística indoeuropea en España, se debe a la única persona que merece el nombre de indoeuropeísta  y ese no es otro que Francisco García Ayuso.

Entre los idiomas que domina están: el francés, el italiano, el portugués, el alemán, el hebreo, el árabe, el griego el latín, el sánscrito, el avéstico, el persa, el asirio, el etíope… y estaba entre los pocos españoles en leer la escritura cuneiforme.

Fue también uno de los mejores orientalistas europeos, apoyándose siempre en las fuentes, algunos de los libros de este tema, como Afganistán, aún están de actualidad.

Además de catedrático y escritor, en 1894 fue nombrado académico de la Real Academia de la Lengua en la que ocupó la silla U (mayúscula), permaneciendo en ella hasta mayo de 1897 cuando fallece.

LORENZO GARCÍA HUERTA

Lorenzo García Huerta nace  el 10 de Agosto de 1844 en Valverde del Majano. Ingresó como misionero del Corazón de María, ordenándose sacerdote en 1888. Dedica su tiempo a la enseñanza y a escribir mandando algunos de sus trabajos a periódicos segovianos como El Adelantado.

La muerte de su padre y las necesidades económicas de la familia, le obligan a exclaustrarse trasladándose a Madrid donde permanece hasta su muerte en 1910, estando de cuerpo presente llegó la noticia de su nombramiento como obispo de Almería.

Como escritor se autodenomina “El Cantor de Guadarrama” y decía que mientras no surgiera otro con más méritos “quiero llamarme el poeta Regionalista segoviano”. 

Consiguió como poeta y autor numerosos premios: en un certamen  literario de Lérida fue premiado con una margarita, una cítara de plata y una escribanía. Otro premio le fue otorgado por la Sociedad Económica de Amigos del País por unas leyendas en verso tituladas “El caballo del conde” y “el rico de Torredondo.

 Otras leyendas suyas fueron: La toca de la Fuencisla, La niña muerta… también escribió dramas, zarzuelas etc.

AGAPITO MARAZUELA ALBORNOS

Nace Agapito Marazuela en Valverde del Majano el día 20 de noviembre de 1891 en el seno de una familia muy humilde, sus padres Niceto Marazuela y Segunda Albornos, al carecer de tierras,  viven de la arriería con la ayuda de un macho y un carro. Muy pronto el pequeño Agapito acompañará a su padre en estos viajes y empezará a conocer las primeras notas musicales salidas de la guitarra y la bandurria de su progenitor.

Una meningitis a los siete años, le afecta sobre todo a sus ojos, transformando la vida del niño que no podrá seguir el oficio del padre y  le dejará  graves secuelas para toda su vida.  Con esto se pierde un arriero o tabernero, pero se ganará un gran músico. Siendo un niño en Valverde podrá escuchar el sonido de la dulzaina que acompañaba a los vecinos en fiestas, bodas, esquileos y en cualquier otra reunión o festejo y empieza a sacar las primeras notas de una vieja dulzaina sin llaves que es la primera que le compra su familia. En 1903 se traslada a Valladolid donde recibe clases de dulzaina de Ángel Velasco natural de Renedo (Valladolid) y a él le compran la primera con llaves que el mismo Velasco fabrica. Condiscípulo suyo, pero en este caso redoblante, fue otro valverdano, Mariano Llorente “Marianete”, con el que tocará en muchas ocasiones, como en la boda de Ambrosio Palomo y  Juliana del Real vecinos de Valverde o en la fiesta de San Bartolomé de Torredondo.

Los toques por los pueblos y aldeas le van a poner en contacto con personas que aún conocen viejas tonadas, romances y canciones que el irá recogiendo en su memoria y le servirán más tarde para ganar el primer premio del Concurso Nacional de Música Folklórica de 1932 con el Cancionero de Castilla la Vieja. También un grupo de valverdanos, empezando por sus padres, le ayudaron a componer esta magna obra.

En 1906 la familia de Agapito sale de Valverde y se traslada a la carretera de Arévalo, arrendando el ventorro de Somorrostro. Su estancia en Segovia, le permitirá aprender solfeo e  iniciarse en el estudio de la guitarra, que será su gran pasión, a ella dedicará muchos días y muchas horas y con ella llega a ser uno de los más grandes guitarristas españoles del momento, tocando en lugares como el Ateneo de Madrid.

La guerra cambia su vida y su brillante carrera, su ideología le coloca en el lado de los perdedores y al finalizar la contienda tendrá que pasar varios años en la cárcel y en el destierro y durante dos décadas se ve obligado a recurrir a las clases para sobrevivir. A partir de 1964 empiezan los reconocimientos, este mismo año la Jefatura Provincial del Movimiento publica el Cancionero Segoviano.

En 1965 el Ayuntamiento de Segovia le concede la Medalla de Plata de la Ciudad, pero hasta febrero de 1978 no se la entregan. En 1969 la Asociación de Amigos de Segovia le concede el Alcázar de Oro. En 1971, al cumplir los ochenta años, un grupo de intelectuales segovianos le ofrece un homenaje en Valverde colocando una placa en su casa natal, en la calle Monseñor Ayuso, precisamente lleva esta calle, el nombre de un primo carnal suyo, don Teófilo Ayuso Marazuela. En 1972 es elegido miembro de la Asociación Española de Etnología y Folklore del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1978 es nombrado por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce académico de mérito. Este mismo año recibe la Medalla de Oro de la Provincia de Segovia , estrenándose con dicho motivo el documental Agapito Marazuela y el folklore castellano dirigido por Miguel Velasco y realizado por José Mª Heredero. También este año se da su nombre a una calle en Segovia.

Muchos reconocimientos pero también muy escasos recursos económicos para poder vivir en una humilde pensión de la calle José Zorrilla sacados de sus clases en un pequeño local cedido por la Caja de Ahorros y mantenido con la ayuda que el Ayuntamiento de Segovia le pasaba mensualmente para atender el local de la Cátedra de folklore.

Su fallecimiento tuvo lugar en Segovia el 24 de febrero de 1983. Este mismo año y a propuesta del Ministro de Cultura, el Rey le concede la medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes a título póstumo. Diecinueve años después de su muerte se colocó en la plazuela del Socorro la escultura del Maestro Agapito obra del escultor José María Moro.

NICOMEDES GARCÍA GÓMEZ

“Nací  en Valverde del Majano el ocho de enero de 1901, en un hogar muy humilde. Mi padre se dedicaba a acarrear vino desde Arganda”, así comienza una de las muchas entrevistas que le hicieron a lo largo de su azarosa vida. Su muerte tiene lugar el diecinueve de abril de 1989.

Ya desde niño demostró una gran inteligencia y un gran afán por llegar a ser alguien importante, el mismo decía: “el maestro de mi pueblo me ponía los problemas de los chicos mayores y se maravillaba al ver que podía resolverlos sin ninguna dificultad”.

Con el tiempo llegó a ser el industrial más importante que ha tenido la provincia de Segovia y en 1972 el periódico ABC le consideró uno de los doce “Hombres de Empresa de España”.

Fundó Anís la Castellana, la empresa de Auto Res, la naviera Nicomedes García, la agencia de publicidad Azor, fue durante la guerra el mayor fabricante de turrón, y poseyó varios bancos. Una de las empresas más conocidas de Nicomedes fue la destilería de whisky Dyc.

Su dedicación le proporcionó muchos premios y distinciones como el de ser nombrado hijo predilecto de este pueblo, la dedicación de una calle, la conversión de su casa en el archivo-museo o la concesión de la Medalla de Oro al  Mérito en el Trabajo. Este galardón fue tal vez, entre todos, el más estimado por él, quizás porque amaba el trabajo, y afirmaba que de ningún modo este “era una maldición divina, porque el trabajo había sido siempre para él, fuente de satisfacciones” y eso a pesar de que le había tocado trabajar desde muy niño.

Los vecinos de Valverde le estamos muy agradecidos por ser como fue y porque entre otras cosas nos dejó el Polígono Industrial que lleva su nombre, y gracias a él, trabajo y prosperidad para nuestro pueblo.

MANUEL DE FRUTOS HUERTA

El día 31 de enero de 1811 nace en la casa de sus abuelos maternos, en la plaza de Juan Díez un niño al que sus padres dieron el nombre de Manuel. En Valverde en aquella época, se solía poner detrás de su  nombre el de su padre, como si fuese el primer apellido, así se le conocerá como Manuel José de Frutos Huerta.

Su familia trabajaba en la preparación de la lana para después fabricar paños, en Segovia y en Valverde. Pero a comienzos del siglo XIX esta actividad se hunde, esto, unido a años de malas cosechas, hizo que Manuel José abandonara España en torno a 1835, yendo a parar a las antípodas, a Nueva Zelanda, a donde llegó en un barco ballenero. Allí formó una gran familia, la cual añorando después encontrar el lugar donde nació su querido antepasado, nos buscaron hasta dar con nosotros.

La tribu maorí de los Paniora (españoles en lengua maorí) a la que pertenecen, valoran por encima de todo a sus antepasados y para ellos conocer a sus familiares valverdanos fue una de las mayores alegrías que tuvieron al llegar a Valverde. En las navidades del año 2010 se hizo el hermanamiento entre la ciudad neozelandesa de Gisborne y Valverde del Majano.

Hoy además de los habitantes de Valverde cercanos a los mil cien hay otros descendientes de un valverdano en Nueva Zelanda y repartidos por todo el mundo hasta alcanzar una cifra que se cifra en torno a los 16000.

TEÓFILO AYUSO MARAZUELA

Nace en Valverde el seis de marzo de 1906, al igual que en los casos anteriores, de una familia muy humilde. Careciendo de tierras sus padres eran cacharreros, adquiriendo la mercancía en Portillo que vendían en Valverde y los pueblos de alrededor o cambiaban por chatarra. El pequeño Teófilo a veces acompañaba a su padre y se entretenía leyendo. Su afición por los libros ya se manifestaba entonces hasta el punto que su abuelo al verlo decía “Te pasas el camino  leyendo ni que fueras a ser obispo”.

En septiembre de 1918 entra en el seminario de Segovia obteniendo las máximas calificaciones todos los cursos. En 1925 fue designado para ir a estudiar a Roma como becario. Ya en Roma empieza a interesarse por el estudio de Sagrada Escritura, disciplina en la que don Teófilo destacaría a nivel mundial.

En 1930 fue ordenado sacerdote y continuará en Roma con una beca del papa Pío XI obtenida gracias a sus méritos para continuar los estudios sobre Sagrada  Escritura. Cuando regresa a Segovia en 1932, es Bachiller en Derecho Canónico, Doctor en Filosofía y Licenciado y candidato propuesto “ad Lauream” en Sagrada Escritura y domina diez idiomas.

En 1938 se presenta a una oposición para canónigo lectoral de la Seo de Zaragoza. A partir de ese momento vivirá en Zaragoza y se dedicará a la investigación bíblica, a la docencia y a impartir conferencias en España y en el extranjero. En 1947 fue invitado a incorporarse como “miembro de honor en la Society of Biblical Literature and Exegesis” de Estados Unidos siendo el primer español que formó parte de esta agrupación.

A lo largo de su corta vida obtuvo importantes premios como el Francisco Franco por su gran obra de investigación y crítica textual en ocho tomos llamada “Vetus Latina Hispana”. En 1951 fue nombrado Prelado Doméstico de Su Santidad, honor por el que en adelante se le conocerá como Monseñor Ayuso. En 1954 fue galardonado con la medalla de oro de la ciudad de Zaragoza. En 1956 recibe el premio Juan March a las Letras Sagradas, su pueblo Valverde del Majano le distingue con el nombramiento de Hijo Predilecto, colocando una placa en la casa de su nacimiento y dando su nombre a una calle. La ciudad de Segovia le concede la medalla de oro y la Diputación el título de hijo predilecto de la provincia.

En 1960 se le nombró Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

El 18 de septiembre de 1962 fallece en la ciudad de Zaragoza.

HECHOS DESTACADOS

Estancia de Doña Ana de Austria

El 11 de noviembre de 1570, doña Ana de Austria prometida del rey Felipe II, cuando se dirigía a Segovia para contraer matrimonio con el monarca, pernoctó en Valverde, donde los vecinos, según la tradición que usaban en el lugar “espigaron” a la reina ofreciéndola regalos y amenizaron su estancia con canciones y danzas. Al día siguiente la comitiva se dirigió hacia la ciudad y su Alcázar donde tuvo lugar la ceremonia.

Estancia de Felipe II

En la marcha hacia Tarazona en junio de 1592 Felipe II, al igual que su esposa, pernoctó en este lugar. Su cronista Enry Cock nos describe así a la aldea de Valverde del Majano: “es una aldea de Segovia, de trescientos vecinos, distante de la ciudad legua y media. Los vecinos de este lugar, chicos y grandes, todos entienden en hilar lanas de ordinario y otros muchos de esta comarca, lo cual se labra todo en Segovia para paños y raxas. Tiene iglesia buena cuyo curato vale hasta mil ducados de renta cada año”.